viernes, 22 de febrero de 2013

Es tu turno


Hazlo.
O no...
Espera, que no estoy seguro.
Déjalo, no merece la pena.
Total, si no iba a conseguir nada.
Ya lo hará otro.
Y mejor que yo, ya lo verás.
Me siento más cómodo en mi rincón.
Plegado, oculto en mi interior.
Sin que me vean, no vaya a ser que piensen mal de mí.
No quiero salir, prefiero estar aquí solo.

Sin embargo, ¿no merece la pena intentarlo?
No solo importa lo que contengas.
También importa el cómo te vendas.
Cómo convences a los demás de tu valía.
Y si otros ya lo hicieron,
¿Por qué ibas tú a ser menos?

Hazlo.
Sin el menor rastro de duda.
Coge aire y suéltalo todo.
Que todos vean cómo eres. 
No tienes nada que perder.
Muéstrales lo que puedes llegar a conseguir.
Demuéstrate a ti mismo que eras capaz.
Nada puede salir mal.





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viernes, 18 de enero de 2013

Fuerte como las olas


Cuando llegaron al acantilado, ya estaba atardeciendo. Se sentaron el uno junto al otro, apoyados en el tronco de un árbol. Solo dos lágrimas rodaron por sus mejillas, yendo a parar a sus pantalones. Era demasiado orgullosa como para llorar delante de otra persona. Aunque esa persona fuese su mejor amigo. Se secó la cara y empezó a hablar con Óscar de cosas superfluas, en un intento inútil por despejar su mente, y dejar de pensar en Alec al menos por un segundo. Cuánto se habían amado. Con fuerza. Con deseo.  Como si no hubiera un mañana. Con miedo a despertarse de aquel sueño imposible, y que la vida les jugase una mala pasada. Y así ocurrió.

Óscar no era tonto. Conocía a su amiga lo suficiente como para saber que estaba fingiendo. Sentía que debía decir algo para hacerle entrar en razón. Algo que borrara del todo la culpa, y le diera fuerzas para seguir adelante. Pero eso a él no se le daba bien. Le costaba expresar con palabras aquello que sentía y, si alguna vez lo conseguía, resultaba demasiado directo.

Y entonces, casi sin pensarlo, dijo algo que hizo reaccionar a Carol. Fue un consejo que le dio su abuelo el día que le enseñó el acantilado:

 “Cuando sientas que la suerte te da la espalda, busca un lugar apartado. Este acantilado es ideal. Cierra los ojos y grita con todas tus fuerzas todo aquello que te haga sentir mal. Déjalo salir. Expúlsalo. Cuando te quedes sin voz, abre los ojos y admira el paisaje a tu alrededor. Contempla las olas en su eterno romper sobre las rocas. Cómo atacan con furia al llegar a ellas, a más de cien metros bajo ti. Cómo retroceden para tomar impulso y volver a intentarlo. Aunque crean que es inútil. Que la roca nunca se romperá. Después de mucho tiempo, sus esfuerzos darán sus frutos. Habrán moldeado la roca a su capricho, creando formas imposibles. Ellas no se rinden nunca. Pase lo que pase, quiero que seas una ola. Que le demuestres a la vida de lo que eres capaz”.

Solo dos lágrimas rodaron por sus mejillas, pero esta vez no eran de tristeza. Eran de alivio. Dentro de lo que cabía, eran de felicidad. Carol sintió que aquello era justamente lo que estaba esperando escuchar. Quizá tan solo necesitara eso, el apoyo de un amigo.





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viernes, 28 de diciembre de 2012

Tonto el que no entienda


Amistad. Bonito sonido, mal concepto.

Amistad. Menuda palabra tan mal valorada. Tan mal entendida y tan maltratada.

Todos decimos conocer su significado, pero pocos somos los que de verdad la practicamos. La nombramos cuando alguien nos alegra en un momento concreto. Cuando, sin quererlo, nos proporcionan una felicidad efímera, que se evapora en cuanto acaba el instante de conexión.

Eso, señores, no es amistad.

Ser amigos no es solo pasarlo bien juntos, es pasar cualquier momento juntos. Ser amigo es apoyar a una persona sin importarte lo que piensen los demás. Nada de conveniencias ni de intereses propios. Es disfrutar de sus logros, y mostrarle sus fallos. Señalarle la piedra y ser el primero en ayudarle si tropieza. Fuera quedan el orgullo y el egoísmo.

La amistad es una planta que se siembra y, por supuesto, necesita que la rieguen. Que la cuiden. Si se hace con sinceridad, se vuelve inmortal.





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Darlo todo.


“La vida es como el eco, recibes lo que das”.

Perdonad, pero esa mentira no es verdad.

Puedes recibir todo cuanto des,

o puede que nunca lo veas volver.

Pase lo que pase, debes darlo todo.

Sin esperar nada a cambio.

Sin creer que serás recompensado.

Alegrías y decepciones sabremos encajar,

siempre que sepamos valorar

el trabajo realizado.





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sábado, 22 de diciembre de 2012

Pisando fuerte


Hoy toca comerse el mundo. Ir a por todas. 
Es tu turno.

Hoy vas a quererte. 
Aunque lo creas, no es cuestión de suerte.

Hoy vas a descubrir que la felicidad
tan solo está en tu voluntad.

Y… quien dice hoy, dice todos los días de tu vida.





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jueves, 20 de diciembre de 2012

Ley de vida


Mi abuela estaba dormida cuando entré en su habitación. Cerré la puerta a mis espaldas y me senté junto a su cama. Esa cama de hospital que hacía presagiar lo peor. 

Tomé una de sus débiles manos y la apreté con fuerza. Quería decirle algo, pero no sabía cómo empezar. Creo que ni siquiera sabía qué decir exactamente, así que opté por pensar.

Pensé en esas tardes de domingo en las que mi abuela preparaba paella y toda la familia reía y hablaba hasta que anochecía. Cómo ella siempre servía dos cucharones más, aunque le dijeras que era suficiente y que podías explotar de tanto comer.

Recordé cómo me decía siempre que era el niño más guapo del mundo. Su nieto preferido. Cómo disfrutaba de sus abrazos empapado de aquella infantil inocencia…

Y entonces, se despertó. Le costó empezar a hablar, y lo hizo muy lentamente. No me reconoció, como ocurría desde hacía ya unas semanas. La impotencia que sentí en aquel momento era indescriptible. Me resultaba extraño saber que no solo no iba a mejorar sino que, además, aquella historia llegaba a su fin. La vida se le iba poco a poco, en cada aliento, en cada movimiento. Sin remedio ni vuelta atrás.

Seguía sin saber qué decirle, así que besé su mejilla y la miré, intentando no olvidar un rostro que presentía que no volvería a contemplar.

Desgraciadamente, no me equivoqué.





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Presentación

Esta primera entrada solo sirve para que sepáis por qué he creado un blog.

Su finalidad no es tener muchos lectores, entre otras cosas porque no sé escribir. Solo trato de plasmar lo que siento o, en algunos casos, de escribir lo que mi imaginación me permita. 

Además, creo que esta es la mejor forma de poder "grabar" lo que voy escribiendo. De vez en cuando seguro que lo abandono, pero siempre tendré algo nuevo que decir, tarde o temprano.

Bien, si os gusta, espero que me lo digáis. Gracias.