viernes, 15 de julio de 2016

A, b, c


Con la A se dice amor. ¿No era así? Con la A también se dice adiós.
Con la B se besa y se dice bello, aunque también batalla.
Con la C, casa.

A, b, c.


A veces, cuando se encuentra a gusto y le tratan bien, el amor llega para quedarse.
A veces, aunque se nos siga escogiendo el corazón, aprendemos a decir adiós.

A veces, un beso puede detener el tiempo.
A veces lo bello no está al alcance de nuestros ojos.
A veces se ganan batallas y otras veces se pierden. Incluso sabemos que hay batallas que es mejor no librar jamás.

A veces tu casa va más allá de unas paredes y un jardín. A veces tu casa es con quien la compartes, y tu lecho descansa en vuestra verdad.

A, b, c.


Parece fácil (y lo es).

Amigo, bondad, calor.

Abrazo, brisa, caricia.

Ahora, bailar, crecer.


A, b, c.
A, b, c.
A, b, c.


A veces
aprendes a vivir.
A veces
se vive sin sentir.
A veces
libero un tornado.
A veces
me siento a tu lado.
A veces
tu silencio comprendo.
A veces
me comunico riendo.


A, b, c.

jueves, 28 de abril de 2016

Volvamos


"Querido yo del pasado:
No te daré grandes consejos. No te concederé ningún deseo. Ni siquiera te avisaré de las piedras en el camino. Tan solo te digo que las habrá.
Si algún día estás satisfecho de lo que eres será gracias a lo que fuiste. Tu pasado te construye. Por eso quiero que te equivoques. Quiero que caigas y te levantes por ti mismo. Quiero que te enamores y te pierdas. Que ignores y luego aprendas. Que un día al fin te encuentres y comiences a conocerte. Quiero que llegues a amarte tal y como eres".

Volvamos a aquel lugar donde valientes príncipes luchaban contra fieros dragones. Donde las hadas y los elfos habitaban los bosques.
Volvamos a aquel lugar donde los besos y los abrazos eran gratuitos. Donde la tristeza jamás podía ganarle la batalla a nuestras sinceras sonrisas.
Volvamos a aquel lugar donde solíamos volar, donde los molinos pueden ser gigantes y el mundo es un gran misterio por descubrir. Donde los imposibles no tenían razón de ser.
Volvamos a aquel lugar donde aún no conocíamos el dolor, la traición o la soledad. Donde nuestro juicio era claro, sin tonos grises, y la realidad multicolor.
Volvamos a la dulce infancia. A la feliz ignorancia que te permite sorprenderte como si siempre fuese la primera vez. Volvamos al amor sin tapujos ni mentiras.
O, mejor aún, no dejemos que la infancia se marche así, sin más. Cuidemos de ese frágil niño que todos llevamos dentro. No lo dejes nunca atrás, pues tus mayores sueños, ilusiones y deseos descansan en él.


viernes, 25 de marzo de 2016

Del odio al amor

"El amor se declara inocente, puro, verdadero y libre. Y, si del amor al odio hay tan solo un paso, el culpable se encuentra un paso por detrás del amor. Culpable de atentar contra lo que no comprende. Culpable de secuestrar a las mentes más cerradas. Culpable de negar la realidad, de ver en blanco y negro. Por todos sus delitos el odio no será condenado a prisión. Ni siquiera morir será su castigo. Su penitencia será no nacer, pues ya lo ha hecho en demasiadas ocasiones, de múltiples e injustas maneras. El odio, sombra del amor, será transformado en su temida luz. Y es que no hay mayor condena que no haber sido. No hay mayor condena que demostrarte la belleza y el poder de aquello a lo que tan gratuitamente odias".

Millones de personas sufren día a día la tiranía y la crueldad de seres que atentan contra su libertad, sus principios y, desgraciadamente, contra sus vidas. Sí, que estos agresores son seres (humanos) es algo objetivo, quizá lo más bonito que pueda decir sobre ellos. Dejaron de ser personas en el momento en el que decidieron que el odio y la guerra eran grandes soluciones. Perdieron todos mis respetos en el instante en el que abusaron de su poder o escondieron sus crímenes bajo falsas creencias. Jamás ha existido ni existirá un dios que predique la muerte.
Son seres inteligentes pero hay algo con lo que no cuentan. Tenemos un arma que ellos desconocen. Es un arma inmaterial que no se crea ni se destruye. Se trata de una energía inagotable. El mayor arma que hayamos conocido. Es una fuente de respeto, libertad, aceptación, tolerancia y diálogo. Es la cuna de la paz. Y, sin duda, lo más importante es que no entiende de religiones, edades, razas, sexos o banderas. No tiene fronteras.
Por eso el odio siempre alimentará guerras sin sentido, mientras que el amor vencerá sin necesidad de luchar. Por eso nunca nos daremos por vencidos.

Atentamente, PQR.

sábado, 20 de febrero de 2016

Alma del viento

Tras la orden definitiva, los tanques iniciaron su lento pero continuo avance, directos a su corazón. No se atisbaba ni el más mínimo rastro de piedad entre los rostros de los soldados. Cualquiera podría pensar que el corazón les había sido arrancado de cuajo. O quizá ni siquiera eran conscientes del daño que podían llegar a infligir. Quizá nunca tuvieron corazón.

Los misiles del enemigo arañaban el cielo, dejando cicatrices en el algodón de las nubes. Miles de balas tarareaban la canción de la muerte sobre las paredes.

El llanto del niño no encontraba consuelo ante tanta destrucción. Jamás podría entender la razón de aquel absurdo afán por derrotar en lugar de construir.

No albergaba él en su ser más que inocencia.
Amor y verdad bañaban su conciencia.
Qué tierna la infancia,
bendita ignorancia.
¿Por qué mi luz quieres romper?
¿Acaso algo te hará perder?
Temes su brillo cargado de pureza.
Ni verla quieres solo por ser rareza.

Se acercaba el final. Ya no había vuelta atrás. No quedaban escudos para defenderse del rival ni aliado con el que unir fuerzas. El niño estaba solo; su carne, desnuda, lista para el inminente ataque.

Reinventarse o morir. Ya sabes cuál es la decisión.

Y entonces, de entre las cenizas de una guerra sin sentido, volvió a nacer el ave fénix, tan grandioso y elegante como siempre. Más vivo que nunca.

Han muerto al fin las cadenas.
Derribamos las barreras.

Ese ave que ahora vuela libre es tu verdad. Es la canción del ganador. Eres tú. Ese ave es cada una de las víctimas del ansia de poder del ser humano, es cada palabra hiriente, una mirada bañada con desdén, el dolor fruto de una mente cerrada, cada lágrima, cada herida, convertidos en un rayo de sol tras la tormenta, en un 'te quiero' posado sobre los labios, en la primera flor entre la nieve después de un largo invierno.

Ese ave, alma del viento, valora su libertad y lucha por ella. Los prejuicios y las etiquetas le quedan pequeños. Las balas ya no le hacen daño.

El ave fénix vuela alto, muy por encima del qué dirán. No hay nada que pueda detenerle. Ni siquiera la muerte podrá borrar su mensaje. Un mensaje de unión y esperanza. Un recuerdo de lo que somos.

Vive y deja vivir. Vivir, no simplemente ser o estar. Vivir. Y volar...

Vive: siente, ríe, ama, llora, sufre, besa, abraza, comparte.

Vuela: vuela cual ave fénix, sin un destino pero sabiendo perfectamente hacia dónde quieres llegar, llevando siempre contigo el poder de la verdad, la pureza del amor y el valor de la sabiduría.

Tú, ser de luz,
baja de tu cruz,
corre, vive y vuela,
vuela alto aunque duela.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Déjà vu


Lo he vuelto a hacer.
Otra vez
he vuelto a caer
en la trampa de tus labios,
en tu piel amable.
De tus pecados varios
me declaro culpable.

Me volví a perder en ti,
laberinto inescrutable,
pesadilla sin fin.

Me equivoqué.


Otra vez
el control en pedazos.
Vuelvo a amanecer
enredado en tus brazos.

De nuevo, la noche en vela
bailando entre tu melena.

Me prometí no desearte,
no extrañarte ni pensarte.
Pero mi corazón escala
todos los muros contra ti.
Tu recuerdo no comprende
mis mentiras para dormir.

Contacto efímero
que alimenta mi sed,
deseo pasajero
de caer en tu red.
Susurros prohibidos,
conjuro de pasión,
jadeos dormidos,
pura diversión.


Otra vez perdí
mi armadura de cristal.
Me asusté al caer
en tu abrazo mortal.

Retrocedí.


Otra vez te he vuelto a ver
en el café de la mañana,
en la silueta de las nubes.
Cuando no sabes qué hacer,
cuando todo se enmaraña,
dime, ¡dime a dónde acudes!


Una vez más
te vuelvo a encontrar.
¿Te conozco?
Quizá.

Una vez más
volvemos a empezar.
Te saludo en la mejilla.
Volvemos a descubrirnos.
Rememoras mis cosquillas
y los botones perdidos.

Exploramos los caminos
donde un día nos perdimos.

Me besas desde el ayer.
Yo te verso sin querer.
Y, una vez más,
decido equivocarme.
Decido quedarme.
Decido protegerte.
No me arriesgo a perderte.

Disfrutarte
antes que matarte,
darte alegrías
que serán las mías.

Y cuando esté realmente preparado,
cuando este temporal haya pasado,
te buscaré con una sonrisa
para devolvernos nuestra risa
que ilumina el rostro y se contagia,
que mantiene a los monstruos a raya.

No podré borrar la herida de tu corazón
pero al menos déjame que te dé la razón.

De todo me arrepiento.
Grito y pienso que lo siento
por las ilusiones dormidas,
por mis balas perdidas,
por ocultarte las salidas,
por pasar así por tu vida.

Ya no seré más el que te haga llorar.
Seré el que pudo y no fue,
el que se arriesgó a perder
y de tanto perder no se encontró.

domingo, 4 de octubre de 2015

21 gramos

Dicen, y quién sabrá si es cierto o no, que el alma pesa 21 gramos. Que cuando exhalamos nuestro último suspiro de vida, el alma abandona nuestro cuerpo y viaja hacia quién sabe dónde. Quizá al Cielo de las Almas, donde descansan entre cojines de nubes, o al Departamento de la Reencarnación, para conocer el nuevo cuerpo en el que serán implantadas.

Sin embargo, cuando nuestro músculo tetracompartimentado firma su jubilación y los 21 gramos del alma son desalojados de nuestra piel y nuestros huesos, la Muerte aún tiene un largo camino por recorrer. Y es que la Muerte, al contrario que la Vida, no es dueña de nuestro ser. La Muerte debe aguardar siempre al Olvido, pues aun después de ser tierra y polvo, antes de ser nada, hallamos cobijo anidando en la memoria de aquellos que nos aman.

Los 21 gramos del alma de un ser querido pueden llegar a convertirse en la droga más adictiva y peligrosa, llegando a formar parte de nosotros mismos, durmiendo entre los recovecos de cada una de nuestras células.

Guardamos celosamente cada palabra, beso, caricia y abrazo que compartimos. Archivamos las anécdotas, los secretos y confesiones, los buenos y los malos momentos, cada sonrisa y cada lágrima al lado de quienes nos importan. Defendemos con furia los colores de sus risas y esas chispas en la mirada, capaces de crear terribles y contagiosos incendios de amor.

Cuando el Olvido entra en escena para representar su papel, entonces, y solo entonces, la Muerte podrá bajar el telón en nuestra función, poniendo punto y final a nuestra obra. Mientras tanto, permaneceremos en este mundo. No en cuerpo, pero sí en alma. Mientras tanto, seremos recuerdo. Seremos inmortales.

lunes, 7 de septiembre de 2015

El monstruo del laberinto

No sabía hacia dónde me dirigía, ni cuánto tiempo llevaba allí. Con cada paso que daba, el laberinto cambiaba de forma, cerrándome el paso, ocultándome la salida.

El monstruo me perseguía, aferrado a mi sombra, siempre pisándome los talones y anticipándose a mis movimientos. A veces me cortaba el paso y yo debía buscar otro camino, pero él siempre conseguía evitar que huyera. El monstruo parecía conocer a fondo cada recoveco de aquel laberinto. Parecía capaz de mirar a los ojos a mi alma asustada y, sin embargo, yo nunca pude contemplar su rostro. A pesar del miedo que me profesaba, jamás adiviné su silueta ni su voz.

Los muros de mi cárcel crecían en todas direcciones, pero mis pies nunca corrían lo suficiente. Las alas, si es que las tenía, no me permitían sobrevolar el laberinto. Mis fuerzas se consumían por momentos, pero me había prometido encontrar el remedio para aquel cautiverio. Tendría que haber alguna manera...


Más tarde descubrí que el monstruo del laberinto no moraba en otro cuerpo sino en el mío. El monstruo me conoce tanto o más que yo mismo porque habita en mi interior. Yo era el constructor de mi propia trampa. Yo construí el laberinto y me perdí en él.

Podía dejar que el monstruo me acechara, que creciera sin límites y me dominara, o podía hacer que adoptara la forma que yo quisiera. El control estaba en mis manos.

Pero no derribé el laberinto, ni tampoco maté al monstruo. Decidí que el plan A ya no sería la huida.

No solo hallé la salida sino que, además, recorrí mil veces cada camino y pasadizo dentro del laberinto. Salí y volví a entrar las veces que hizo falta hasta que conseguí desentrañar todos sus secretos, que eran, al fin y al cabo, los míos.

Me hice amigo del monstruo. Le puse nombre y le di la forma de una terrible fiera, con garras afiladas y un rugido capaz de acobardar al más valiente. Aunque no siempre salga todo bien, he dotado a mi monstruo de una temible capacidad: salir a comerse el mundo junto a mí cada día, destrozando los problemas de un zarpazo y entonando el rugido del ganador.

martes, 18 de agosto de 2015

Crónica de un beso

Tu boca y mi boca guardan secretos inconfesables. Albergan náufragos que no quieren ser rescatados por ninguna sirena y cofres que contienen los más grandes tesoros jamás escondidos.

La distancia entre tu boca y la mía es un campo de batalla en el que no existen normas ni límites. Yo tiro la primera piedra: te atrapo con la mirada y caes rendido entre la red de mis brazos. Soy el capitán de tu piel salvaje.

Tras el primer ataque, los mares se funden en una perfecta simbiosis. Las olas embravecen y luego se calman, como si los mares se transformaran en un inmenso lago de agua dulce, que me permite adentrarme hasta el fondo de tu ser. Descubro tus naufragios y reparo tus heridas. Encuentro tus tesoros y guardo tus secretos. Me dejo arrastrar por tus corrientes de aguas cálidas hacia un baile húmedo, perfectamente sincronizado.

Y entonces la marea baja y los mares se separan, llevándose consigo el recuerdo de sus aguas.

Mañana mi timonel volverá a navegar a la deriva en tu insondable inmensidad. Tú me esperarás de nuevo en cada puerto, y nuestros mares volverán a unirse, rompiendo las fronteras, los istmos y todos los imposibles que se nos presenten.

viernes, 10 de julio de 2015

Fuimos

Fuimos la brisa
que anuncia la primavera.
Crecimos con prisa.
El amor era
una carrera.

Fuimos una sombra fugaz
en un día de agosto.
Nuestro amor, aún pálido,
vio arder su dulce rostro.

Fuimos la nostalgia,
el último suspiro,
una hoja caída
en un jardín perdido.

Fuimos gélida escarcha,
frío invernal.
El silencio nos abraza
en el juicio final.

Fuimos.
Fuimos tantas cosas...
El uno por el otro
las cabezas locas.

Fuimos Roma
y hoy, del revés,
ruinas de amor.

Somos una sombra
de lo que un día fuimos.

Un barco en ruinas
en un mar de escombros.
Una mochila de recuerdos
cargada sobre el hombro.

En tierra de nadie nos perdimos.
Jamás volar juntos supimos.

Somos pasado.
Somos olvido.
La cara oculta de la Luna.
El dado maldito de la fortuna.

domingo, 26 de abril de 2015

Inspira, respira, vive



"La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando" (Pablo Picasso)

Te arranco un beso y te me escapas.

Recompongo nuestros recuerdos y, una vez más, ordeno nuestro idílico futuro. Pero la torre de naipes resbala entre mis manos, reducida a polvo de quimera.

Tropiezo con tus ojos y me pierdo.

Eres como una diosa.
Eterna y poderosa.
Inalcanzable.

Siento tu risa en algún rincón, en alguna esquina de mi desolado corazón. O de mi mente, imaginándote acaso, tan dulce y letal. Tan salvajemente bella. Tan, tan… tanto te quise. Y aún te quiero.

Si siguieras a mi lado, te querría aún más.
Si renacieras del pasado, viviría al fin en paz.

Nada peor que ser un cadáver de amor viviente. Nada mejor que morir de amor.
Nada peor que vivir sin ti. Nada mejor que haberte conocido.

En mi delirio, tu aliento me acaricia las heridas del alma. Tu figura se desliza y me alcanza en mitad de mi oscura noche. Lugar de pasión y derroche.

Y ahora, al fin, vuelves a mí. Ya no distingo un sueño. Eres realidad. Me llenas de tu inmensidad y me haces grande. Más grande de lo que mis huesos pueden soportar. Más de lo que mis besos jamás podrán sanar.

Me abandono a tu abrazo y me hago tierra, y luego polvo, y luego nada.

Inspira, respira, vive.

domingo, 29 de marzo de 2015

Eres luz en mi penumbra


Hoy he vuelto a sentarme
en el mismo banco
a la misma hora.

Te necesito
aquí y ahora.

Espero y desespero
solo por verte.
Por tenerte.

Ansío tu regreso,
tu mirada,
tu sonrisa,
el roce de tu beso.

Agonizo con cada verso.


Me tirita el alma.
Tu invierno se me clava.
Cien mil espadas
perforan mi corazón.

Lavo con alcohol
las heridas que un día
me dejó tu amor.

Hace ya mil años que perdí
cualquier atisbo de razón.

Aún deseo que volvamos
a bailar sobre el colchón.


Tus recuerdos me persiguen
los siento a mi alrededor
huelen a tiempo pasado
dejando un terrible hedor.

Hedor de olvido,
de amor perdido.

¿Acaso cuidarlo
no hemos sabido?


Memoria de pez
mañana
me sentaré otra vez
en el mismo banco
a la misma hora
hasta verte volver.

Como si no supiera
que aquel que un día eras
jamás regresará.

Que aquel que un día me amó
se fue con las golondrinas
y nunca regresó.

Migró hacia climas cálidos
y olvidó el camino de vuelta,
igual que yo olvidé
el color,
el dolor,
el sabor
de su mirada muerta
de sus labios malditos
de su presencia distante.

Se evapora a cada instante.


Se perdió.
Lo perdí.
Nos perdimos locamente
el uno por el otro.


Corazón desalmado
cruzaste al otro lado.

Sí, fuiste,
pero ya no.
Ya no eres,
ni serás,
mío
jamás.

Vivirás por siempre en mí,
cabalgando entre mis lobos
bajo bosques tormentosos.

Tú señalas mi camino.

Aunque ya no alcance a verte,
jamás podré perderte.

Eres parte de mi destino.

Tú eres la voz que me alumbra.
Eres luz en mi penumbra.

lunes, 16 de febrero de 2015

1001 formas de ponerse una sonrisa

Hay mil y un formas de ponerse una sonrisa. Sí, 1001 formas de dibujar en tu cara esa curva maravillosa.

Están las sonrisas torcidas. Traviesas. De esas que te invitan a besar a su portador.

También hay sonrisas grandes, de oreja a oreja, que reflejan el mayor de los entusiasmos.

Otras son pequeñas y fugaces, pero no por ello menos valiosas.

¿Y qué me dices de las contagiosas? Esas que te hacen sentir bien por el simple hecho de saber que la persona que la muestra es feliz...

Sin embargo, también existen sonrisas falsas. Las que quieren decir "estoy bien" cuando sabes que no es así. Las que, en silencio, piden un abrazo a gritos.

Las hay capaces de sustituir cualquier palabra.

Las hay, incluso, invisibles. Sabes que están ahí aunque no las veas.

Las hay de orgullo y satisfacción.

De amistad y complicidad.

Las hay de mil y un formas, porque hay 1001 formas de sonreír.

Sonríe.
Aléjate del pesimismo y del enfado injustificado. Tómatelo con humor. Porque la risa es la mejor terapia contra el malestar. La mejor forma de estar mentalmente sano.

Sonríe. Vendrán tiempos buenos y malos. Pero solo de ti depende cómo afrontarlos.
Sonríe. Es gratuito y saludable.

Sonríe. Sonríe y se feliz.
La felicidad no es un privilegio, es un estado.

Y es que felicidad es actitud, no destino.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Olvido

Hoy te busco y no te encuentro.
Por más que te llamo,
no queda nadie ahí dentro.

Me miras pero no me ves.
Cada segundo te digo adiós,
por si fuera la última vez.

Tu mirada, perdida,
cabalga entre las sombras
de tu alma dormida.

Mi nombre se te escapa.
En el lago de tus recuerdos
tu mente se estanca.

Y es que lo peor de tu olvido
es, sin duda,
su dolor compartido.

Ya no sabes quién eres,
ni aquello a lo que temes.

Ya no sabes a quién has amado
ni quién se sienta a tu lado.

A quién has perdido
por culpa del olvido...


Ya se marcha tu alma.
El abuelo te espera.
Ve con calma.



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miércoles, 29 de octubre de 2014

Regresa en primavera

El amor entró en nuestros corazones por la puerta de atrás. Sin apenas darnos cuenta, creció en nuestro interior, como una planta que busca la luz. Lo regamos cada día. Le dimos todo el cariño que precisó. Nuestra planta crecía fuerte y sana. 

Pero toda planta se quiebra ante la gélida escarcha, ante el frío invernal...

Ahora le falta tu mitad.

Aquel amor aún sigue vivo, pero extraña el olor de tus besos, el tacto de tu mirada, el color de tu risa… Le faltas tú. Me faltas tú.

Aquella planta, aunque moribunda, aún sobrevive a base de recuerdos enlatados. Y es que, pase lo que pase, nunca olvidará nuestra historia.


Cada noche, ahogado en lágrimas, le canto a la luna mis sueños. Le confieso mis delirantes deseos de que regreses. Le cuento que viviré por siempre con la esperanza de que la primavera me devuelva lo que el invierno me arrebató…

Ya puedo oler esa fragancia floral. Ya puedo oír a los pájaros cantarle a la vida, que siempre resurge en esta época. Y, como todos los años desde tu partir, aún conservo la esperanza de que algún día regreses con ellos.



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sábado, 27 de septiembre de 2014

Él vive en mí

Una tumba. Junto a la lápida, una fotografía. En realidad era una composición de siete imágenes, en momentos y lugares diferentes. En todas ellas aparecían un chico y una chica sonriendo. Parecían felices. Se podía percibir una gran complicidad entre ellos, por lo que era difícil distinguir si eran pareja o tan solo amigos. Lo que sí estaba claro es que un lazo muy fuerte los unía.

Frente al nicho se distinguía una figura, sin duda femenina. Tenía un increíble parecido con la chica de la foto… Era ella, aunque aparentaba ser mucho mayor. Quizá no hubiera pasado tanto tiempo desde esos momentos en la fotografía, pero su rostro ya no parecía tan alegre. Estaba levemente apagado, nostálgico.

Aunque había aceptado la situación, no podía evitar añorar tiempos mejores. Tiempos de risas y abrazos. De meriendas y sorpresas.

El viento meció sus cabellos con suavidad, preguntándose el porqué de su profunda melancolía. Ella se agachó y dejó una flor sobre la hierba. Un clavel rojo.

Lanzó un último pensamiento que, como siempre, iba dedicado a aquellos momentos que no habían podido compartir. A ese futuro que se auguraba maravilloso, aunque… No, la vida no es perfecta. Pero ella siempre había pensado que las cosas pasan por algún motivo. Y, aunque en este caso le costó encontrarlo, terminó comprendiendo que, si había alguna razón, era la de hacerle más fuerte.

Llevaba consigo la carta que él le había escrito cuando eran adolescentes. Aquella carta en la que le confesaba el cariño que sentía por ella, aunque fuese totalmente consciente de ello, pues el sentimiento era mutuo. Fue una de esas cómplices sorpresas que solían hacerse el uno al otro.

En esa carta también le hablaba de la grandeza del amor, y le instaba a hablarles a los demás de él, tal y como ellos lo veían; intentar enseñarles a las personas que el amor les llena el corazón. Que sin amor no se puede vivir. Y que, sobre todo, el amor es libre.

“Ni el tiempo, ni la distancia, ni el olvido podrían romper el lazo que nos une”. Al recordar sus palabras se sintió algo mejor.

Se enjugó las lágrimas y echó a andar con entereza, llevándose consigo, una vez más, el recuerdo de su amigo. El mejor amigo que la vida podría haberle regalado y después arrebatado.

A pesar de todo, mereció la pena haber entrado a formar parte de su vida. Pasara lo que pasara, siempre estaría a su lado. Él mismo se lo había prometido, y no le cabía la menor duda de que así era. Aunque quisiera, no podrían alejarse. Él era parte de su ser, de su historia.

"Él vive en mí", le susurró al aire mientras esbozaba una sonrisa.



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domingo, 7 de septiembre de 2014

Cantos de sirena

I.
El cielo crujía con fiereza, dejando caer truenos y relámpagos en la noche cerrada. El mar, embravecido, arrastraba todo cuanto encontraba a su paso, haciendo desaparecer gran parte de la playa.

Cuando la tormenta ya amainaba, el náufrago apenas conservaba la fuerza necesaria para mantenerse a flote. Lentamente, sentía que perdía la consciencia.

Mientras soltaba la tabla que le había servido para mantenerse a flote, y se sumergía irremediablemente en el agua, pudo observar cómo una extraña criatura se acercaba a él con curiosidad. O quizá solo fuera un producto de su mente delirante…


II.
Tenía que salvarlo por mucho que le costara. Hacía tanto tiempo que no se topaba con un náufrago… Ya había olvidado la fragilidad que caracterizaba a los humanos en alta mar. Y más aún si tenían la desgracia de sufrir los efectos de una tormenta. Pero ella estaba allí para salvarle. O, al menos, sentía que ese era su deber.

Valiéndose de su majestuosa cola, arrastró el cuerpo de aquel hombre hasta la orilla. Debía frenar la hemorragia que sufría si no quería que se desangrase allí mismo. Afortunadamente, no tardó en encontrar las algas que necesitaba para vendar la herida.

Pasadas unas horas, el náufrago abrió los ojos y se encontró con dos esmeraldas que le observaban con atención.

Antes siquiera de que articulara palabra alguna, la sirena sintió una especie de punzada en el pecho. De pronto, su seguridad se desvaneció y, sin motivo aparente, comenzó a sentirse nerviosa. Sin saber qué hacer, desapareció entre las aguas, ahora calmadas.

Era consciente de lo que había sentido en la playa. Era un flechazo. Aunque era muy poco común, decían que las sirenas podían enamorarse de un humano. Se creaba un fuerte vínculo que nada podía romper. Sin embargo, todas esas historias habían acabado en tragedia, pues los humanos no sabían apreciar el amor de una sirena.


III.
Durante los días siguientes, siguió cuidando del náufrago, aunque sus heridas empeoraban por momentos.

En su interior, sentía cómo crecía aquel sentimiento de afecto y respeto al que los humanos llamaban ‘amor’. Aunque, en el caso de las sirenas, el sentimiento era mucho más puro, más inocente.

Lo que realmente le fascinaba era que él parecía sentir lo mismo por ella. Agradecía continuamente los cuidados que ella le prestaba, y no dejaba de recordarle en ningún momento su exuberante belleza, cosa que le complacía enormemente.

Llegó a estar convencida de que, por una vez, la historia de amor entre un humano y una sirena podría salir bien.

Sin embargo, su optimismo pronto se desvanecería. Las heridas del náufrago se habían infectado. Además, había perdido gran cantidad de sangre. La vida se le escapaba con cada bocanada de aire que tomaba y después espiraba. 

Aunque ya no podía hacer nada más por él, no dejó en ningún momento de tomarle la mano y consolarle con sus dulces melodías. Tampoco dejó de maldecirse a sí misma por no poseer aún su propio canto. Cada sirena compone, a lo largo de su vida, un único canto, capaz de lograr grandes cosas, ya fuese para bien o para mal.


IV.
Sus últimas palabras fueron dedicadas hacia ella. “Te amo”, le dijo. Y, aunque ella no podía comprender lo que significaba, la sonoridad de aquellos dos vocablos le sugería que era una forma de resumirle, a modo de despedida, lo que había sentido por ella.

La sirena no pudo detener el río de lágrimas que brotaba de sus ojos. Con infinita ternura, abrazó al hombre que ahora yacía inerte sobre la arena y, lentamente, se adentró en el mar.

La mujer-pez susurró al oído de su amante aquellas dos palabras: “te amo” y, a continuación, se dejó caer en las profundidades marinas, arrastrando junto a ella la prueba irrefutable de su amor.

Mientras se adentraba más y más en las gélidas aguas, la sirena fue componiendo una canción llena de dolor y sufrimiento. Era su propio canto de sirena.




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